4.6.07

Diálogo de payasos


Tiburcio se encuentra por la calle con Rúcula.
- Qué tal cómo estás
Tibur?
-Todo bien Rucu.
- Qué andás haciendo por acá?
-Salgo de la escuela
- Yo estoy paseando a
Juana (que ya le está pidiendo mimos a T)
-Cómo te fue en la pirinea?
-Ah , fuiste?
-Si, cómo te fue?
-Bien, me viste que te pareció?
- Bien
-Si , improvisamos.
-Estaba Toba también.
-Si, lo conocés a Toba?
-Si
-Ahora me voy a presentar en no pes
-Ah pero es ballet
-Si
- Y hay que bailar
-Si, voy a bailar
-Bueno
mierda
- Gracias
-Yo me voy a presentar en
lunas
-Qué es?
-Experiencias creo, pero en lunas quedás.
-Mmm depende, yo una vez no quedé.
-Bueno depende si hay gente.
-Yo fui cuando estuvieron Pomelo, Mandarrina, Bjorjan y Purpurina.
-Ah si.
-Tas tomando clases? Si estoy con Martita y Neptuno, vos?
-Hice el intensivo con Lila.
-Qué bueno.
-Bueno Tibur,
mierda.
-Gracias Rucu ,igualmente.


Diccionario:

palabras en rojo: nombres de clowns.

palabras en violeta: nombres de varietés.

mierda:expresión que significa: suerte en ámbitos teatrales.

Juana: mi perra.

1.6.07

Carta bierta 3

Carta abierta /3
LA NUEVA DERECHA EN LA ARGENTINA.
¿Cómo se puede reclamar la nacionalización del petróleo cuando la lucha que se despliega es contra una medida progresiva de índole impositiva? ¿Cómo se puede llamar a la lucha contra la pobreza con aliados que expresan las capas más tradicionales de las clases dominantes? Algo ha sucedido en los vínculos entre las palabras y los hechos: un disloque. Los símbolos han quedado librados a nuevas capturas, a articulaciones contradictorias, a emergencias inadecuadas. Ningún actor político puede declararse eximido de haber contribuido a esa separación. Las situaciones críticas obligan a preguntarse qué palabras le corresponden a los nuevos hechos. Entre las batallas pendientes en la cultura y la política argentina, está la de nombrar lo que ocurre con actos fundados en una lengua crítica y sustentable. Sin embargo, hoy las palabras heredadas suelen pronunciarse como un acto de confiscación. Cualquier cosa que ahora se diga vacila en aportar pruebas de su enraizamiento en expectativas sociales reales. Parece haber triunfado la “operación” sobre la obra, el parloteo sobre el lenguaje.
“Clima destituyente” hemos dicho para nombrar los embates generalizados contra formas legítimas de la política gubernamental y contra las investiduras de todo tipo. Una mezcla de irresponsabilidad y de milenarismo de ocasión sustituyó la confianza colectiva. “Nueva derecha” decimos ahora. Lo decimos para nombrar una serie de posiciones que se caracterizan por pensarse contra la política y contra sus derechos de ser otra cosa que gestión y administración de los poderes existentes. Una derecha que reclama eficiencia y no ideología, que alega más gestión que valores –y puede coquetear con todo valor-, que invoca la defensa de las jerarquías existentes aunque se inviste miméticamente de formas y procedimientos asamblearios y voces sacadas de las napas prestigiosas de las militancias de ciclos anteriores. Esa derecha impugna la política como gasto superfluo y como enmascaramiento, pero es cierto que la impugna con más dureza cuando la política pretende intervenir sobre la trama social. Tiene distintas inflexiones: desde la ilusoria eficiencia empresarial del macrismo hasta el intercambio directo de dones y rentas imaginado en Gualeguaychú, sin Estado ni partidos, sólo con golpes de transparencia contra lo que llaman obstáculos.
Transparencia social imposible, como no sea bajo un régimen coercitivo, que expresa su desprecio hacia la política como capacidad transformadora, como intervención activa sobre la vida en común. De ese vaciamiento son responsables, también, los profesionales de la política que priorizaron sus propios intereses mientras sostenían un discurso de lo público. Demasiado tiempo vino degradándose el lenguaje político como para que no surgieran mesianismos vicarios y vaticinios salvadores que en vez de redimir el conocimiento político son el complemento milenarista del espontaneísmo soez. La nueva derecha viene a decir que eso no está mal y que se debe llevar a sus últimas consecuencias, disolviendo la instancia misma de la política. Es fundamentalmente destituyente: vacía a los acontecimientos de sentido, a los hechos de su historicidad, a la vida de sus memorias. Por eso, atraviesa fronteras para buscar terminologías en sus antípodas. Es una nueva derecha porque a diferencia de las antiguas derechas, no es literal con su propio legado, sino que puede recubrirse, mimética, con las consignas de la movilización social.
La nueva derecha puede agitar florilegios de izquierdas recreadas a último momento como préstamo de urgencia o anunciar compromisos caros a las luchas sociales de la historia nacional, sea Grito de Alcorta, sea la gesta de Paso de los Libres en 1933, sean las asambleas del 2001. Es una nueva derecha veteada de retazos perdidos pero no olvidados de antiguas lenguas movilizadoras. Condena el vínculo vivo de las personas y las sociedades con el pasado, llamando a un ilusorio puro presente que podría desprenderse de esas capas anteriores. Lo hace, incluso, cuando trae símbolos de ese pasado sujetándolos a relaciones que los niegan o vacían. Cita al pasado como una efemérides al paso. Será jauretcheana si cuadra, aplaudirá a Madres de Plaza de Mayo si lo ve oportuno, dirá que adhiere a Evo Morales si se la apura, y no le faltará impulso para aludir a los mayos y los octubres de la historia. Mimetismo bendecido, tolerado: es la nueva derecha que ensaya el lenguaje total de la movilización con palabras prestadas. Procede por expurgación y despojo: restándole a la realidad algunas de las capas que la constituyen y presentando en una supuesta lisura la vida en común. En ella no hay espesor, diferencias, desigualdades, violencias ni explotación; ella habla del “campo” trazándonos un dibujo bucólico de pioneros esforzados de la misma manera que considera la pobreza y el hambre como desgracias naturales o como penurias redescubiertas para sostener una mala conciencia de escuderos novedosos de los poderes agrarios tradicionales.
En la nueva derecha reina lo abstracto pero con la lengua presunta de lo concreto: precisamente la que hablan los medios de comunicación. A la trama moral de las acciones la tornan escándalo moral, denuncismo de sabuesos que dejan saber que las sospechas generalizadas sobre la vida política son instrumentos que pueden sustituir un pensar real. En ella se trata de reivindicar la honestidad de los ciudadanos-consumidores, su espontaneidad expresiva ante las manipulaciones de la vieja política; transparentar es su grito, mostrar un supuesto lenguaje sin espesura es su lema. Sin obstáculos, sin pliegues. Sus lenguajes apuntan a vaciar de contenido historias y memorias de la misma manera que buscan desmontar cualquier relación entre universo reflexivo-crítico y política transformadora. Devastación del mundo de la palabra en nombre de la brutalización massmediática; simplificación de la escena cultural de acuerdo a la continua mutilación de la densidad de los conflictos sociales y políticos.
La nueva derecha es ahora un conjunto de procedimientos y de prácticas que se difunden peligrosamente en las más diversas alternativas políticas. La aceptación de que la escena la construyen los medios de comunicación lleva a un tipo de intervención pública tan respetuosa de ese poder como sumisa respecto de las palabras hegemónicas. Hace tiempo que los estilos comunicaciones habituales recurren al intercambio de denuncias como una cifra moral, que parece menos un proyecto compartible de refundar la política en la autoconciencia pública emancipada que en la circulación de un nuevo “dinero” basado en un control de la política por la vía de un moralismo del ciudadano atrincherado, temeroso, ausente de los grandes panoramas históricos. Moralismo de estrechez domiciliaria, pertrechada, víctima de miedos construidos y de oscuros deseos de resarcimiento. Es un viaje que parece no tener retorno hacia la espectacularización de una conciencia difusa de represalia. Es un recelo que va quedando despojado de contenidos, como no sean los parapetos medrosos de un pensamiento consignatario. Todo lo que implica la misma incapacidad para descubrir que lo que llaman “opinión pública”, que en ciertos momentos de la historia, es un acatamiento a lo que habla por ella más de lo que ella balbucea de sí misma.
La nueva derecha se inviste con el ropaje de la racionalidad ciudadana, adopta los giros de lenguaje y los deseos más significativos de una opinión colectiva sin la libertad última para ver que encarna los miedos de una época despótica y violenta. Un intenso intercambio simbólico viene a sellar así la alianza entre la nueva derecha, los medios de comunicación hegemónicos y el “sentido común” más ramplón que atraviesa a vastos estratos de las capas medias urbanas y rurales del que tampoco es ajeno un mundo popular permanentemente hostigado por esas discursividades dominantes.
Lo que sucede en Bolivia, quizás el escenario más complejo de la región, debe alertarnos. No porque sean equivalentes los fenómenos sociales y políticos, sino porque el tipo de confrontación que las derechas bolivianas despliegan advierten sobre cuánto se puede decidir no respetar la voluntad popular, aun apelando a frenesís plebiscitarios. En Argentina no estamos ante un escenario de esa índole pero sí asistiendo a la emergencia de nuevos fenómenos políticos reactivos y conservadores, que atraviesan partidos políticos populares y organizaciones sociales. Todo trastabilla ante la cuerda subterránea que tienden las nuevas derechas. La señora cansada del conflicto, el locutor de la noche harto de la refriega, el pequeño rentista fastidiado de las listas electorales que había votado. Las nuevas derechas ejercen su señorío como una forma de desencanto, llamando al desapego generalizado. El ser social por fin saturado de las dificultades de una época, llama bajo su forma reactiva, a no pensar la dificultad sino a refugiarse en la desafección política, en el módico mesianismo al borde de las rutas. Proclaman que actúan por dignidad cuando son economicistas y son economicistas cuando demuestran que esa es la nueva forma de la dignidad.
Atraviesan así toda la materia sensible de este momento de la historia nacional. Su frase predilecta, “no me metan la mano en el bolsillo”, hace de los actos legítimos de regulación de las rentas extraordinarias de la tierra, una ignominiosa expropiación. Trata un bien nacional, como la productividad del suelo, como cosa meramente privada. Otras frases reiteran: “está loca”, e incluso se ha escuchado en la televisión de la noche de los domingos: “es satánico”. Se interpreta la intervención del Estado en el mercado en la clave de una psiquiatría obtusa de revista de peluquería, de chistoso de calesita o de pitonisa de boudoir. Menos se dice “hay que matarlos”, pero aparece en los añadidos que publican algunos periódicos cuando termina la redacción de sus propios artículos y comienza la carnicería opinativa en un anonimato electrónico sediento de desquite. ¿Ante quién? ¿para qué? No le importan las respuestas a una nueva derecha que recobra el linaje de las más impiadosas que tuvo el país. Ha soltado la lengua, pero aprendió a decir primero “armonía” y diálogo” mientras no ocultan la sonrisa sobradora cuando escuchan que se les dice “y pegue, y pegue!”.
Se considera una redención el uso del lenguaje más incivil del que se tenga memoria en las luchas sociales argentinas. Con impunidad lo han tomado, con rápido gesto de arrebatadores, del desván de los recuerdos y de las historias de gestas desplegadas en nombre de un ideal más igualitario. En un sorprendente movimiento de apropiación para travestirla en su beneficio, han movilizado la memoria de los oprimidos en función de sostener el privilegio de unos pocos, vaciando, hacia atrás, todo sentido genuino, buscando inutilizar una tradición indispensable a la hora de reestablecer el vínculo entre las generaciones pasadas y los nuevos ideales emancipatorios.
Es una operación a partir de la cual se definen las lógicas emergentes de esa nueva derecha que no duda en reclamar para sí lo mejor de la tradición republicana y democrática; es una nueva derecha que no se nombra a sí misma como tal, que elude con astucia las definiciones al mismo tiempo que ritualiza en un mea culpa de pacotilla sus responsabilidades pasadas y presentes con lo peor de la política nacional, bendecida por frases evangélicas que llaman oscuramente a la vindicta de los poderosos que aprendieron a hablar con préstamos del lenguaje de los perseguidos. Lo han hecho en otros momentos cruciales de la historia nacional. La nueva derecha inversionista ha comenzado por invertir el significado de las palabras. ¿Por qué no lo harían ahora?
Ante eso, es necesario recuperar otra idea de política, otro vínculo entre la política y las clases populares, y otra hilación entre hechos y símbolos. Si la nueva derecha reina en una sociedad mediatizada, una política que la confronte debe surgir de la distancia crítica con los procedimientos mediáticos. Si la nueva derecha no temió enarbolar la amenaza del hambre (como consecuencia de su desabastecedor plan de lucha), otra política debe situar al hambre, realidad dramática en la Argentina, como problema de máxima envergadura y desafío a resolver. Es cierto que, visiblemente, hoy no son muchos los que aceptan enarbolar blasones de derecha. Hay que buscarla en todos los lenguajes disponibles, en todos los partidos existentes, en todas las conductas públicas que puedan imaginarse. Los pendones que la conmueven pueden ser frases como éstas: la “nueva nación agraria como reserva moral de la nación”. Es el viejo tema de las nuevas derechas y la identificación, también antigua, de patria y propiedad, de nación y posesión de la tierra. Es el concepto de reserva moral como liturgia última que sanciona tanto el “fin del conflicto”, como un tinglado modernizante que no vacila en expropiar los temas del progresismo, pero para desmantelar lugares y memorias. Es una gauchesca de bolsa de cereales como acorde poético junto al horizonte del nuevo empresariado político. Podrán leer a la ida el Martín Fierro y a la vuelta los consejos de Berlusconi.
Los nuevos hombres “laboriosos”, persignados fisiócratas, se indignan porque hay Estado y hay vida colectiva que se resiste a vulnerar la vieja atadura entre las palabras y las cosas. Pero esto ocurre porque la materia ideológica, con sus venerables arabescos y citas célebres, ha quedado deshilvanada, reutilizada en rápidos collages de la nuevas estancias conservadoras del lenguaje. ¿Cómo descubrirlas? Su localización es la ausencia de nervadura social, pues se trata de desplegar para la Argentina futura una nueva cultura social con un único territorio, el de las rentas extraordinarias que desea percibir una nueva clase interpretando estrechamente las graves necesidades alimentarias del mundo. Parecen campesinos, parecen chacareros, parecen pequeños propietarios, parecen hombres de campo protagonizando una gesta. Pero no son ilusiones estas nuevas creaciones políticas de indesmentible base social nueva. Sin los tractores embanderados, brusca señalización del paisaje que atrae por la carencia de todo matiz, de todo signo mediador. La nueva clase teatraliza una rebelión campesina pero traza un nuevo destino conservador para la Argentina. Marcha con vocablos fuera de su eje, en una combinación entremezclada que pone en escena la fusión entre formas morales de revancha y captura jocosa de los símbolos del progresismo social.
Asistimos a un remate general de conceptos. Nociones tan complejas como la de “patria agraria”, “Argentina profunda”, “nuevo federalismo”, han resurgido de un arcón honorable de vocablos, cuando significaron algo precioso para miles y miles de argentinos para salir hoy a luz como mendrugo de astucia y oportunismo. Como en los posmodernismos ya transcurridos, vivimos la sensación que en el reino de los discursos políticos e ideológicos, “todo es posible de darse”. Las palabras parecen las mismas, pero se han dislocado bajo una matriz teleteatral y un recetario de cruces de saltimbanqui, legalizados por la escena primordial de cámaras que infunden irrealidad y deserción de la historia en sus recolecciones vertiginosas. Un nuevo estado moral de derecha surge del neoconservadurismo que reordena los valores en juego, luego de que ha tramitado un liberalismo reaccionario y un modernismo que propone conceptos de la sociedad de la información para hacerlos marchar hacia un nuevo consenso disciplinador y desinformante.
Un nuevo sentido común producido por los tejidos tecnoinformativos nutre así el círculo de captura de imágenes y discursos. Se habla como lo hace la llamada “sociedad del conocimiento” y esta habla como lo hacen previamente quienes ya fueron tocados por la conquistada neoparla que insiste en estar “fuera de la política” pero munidos de jergas sustitutivas de la experiencia pública. Hasta el modo de ir a los actos políticos es puesto bajo la grilla admonitoria de un juez del Olimpo que dictamina los momentos de supuesta “falsa conciencia” de miles de conciudadanos que no poseerían la legítima pasión espontánea de los refundadores del nuevo federalismo sin historia, sin estado, sin instituciones, sin sujeto. El descrédito de lo político comienza por destituir a las masas populares y sus imperfectas maneras, para hacer pasar por buenas sólo las supuestas movilizaciones pastoriles roussonianas, efectivamente multitudinarias, que mal se sostienen bajo las diversas modalidades del tractorazo, más amenazante que bucólico. Una república agroconservadora despliega entonces sus banderas de “nuevo movimiento social”. Tienen todo el derecho a expresarse pero el examen democrático del gigantesco operativo que han emprendido debe ser también interpretado. Se trata de sustituir un pueblo que consideran inadecuado con otro vestido con galas de revolución conservadora. Hay suficientes ejemplos en la historia del país y en las memorias constructoras de justicia para decir que no lo lograrán.

31.5.07

Dejame salir.


Cuando me dejan salir me divierto mucho
Subo, corro , bailo y trino.
Doy tres vueltitas en el aire y ni me mareo
Soy capaz de resistir mucho tiempo riendo

Cuando me dejan salir me crecen tulipanes y claveles
El agua baila entre mis alas
Celestes y amarillos mis destellos
Si atinas a mirarme …

Cuando me dejan salir respiro hondo
Y silbo bajito, casi imperceptible
Alguna milonguita olvidada de otros tiempos
Me hace liviana y transparente.

Cuando me dejan salir la pasamos bien juntos
El tiempo pasa sin darnos cuenta
Y lo mejor de todo es cuando de pronto
te das cuenta que estoy a tu lado.
Dejame entrar a tu vida.

23.5.07

Bella indiferencia


Recuerdo que yo tendría 12 años, habíamos ido ,como todos los años de vacaciones con mi familia y la de María, (siempre paseábamos las dos familias juntas) a San Clemente del Tuyú. Ese verano algo cambió para siempre.
Alquilábamos unas casitas en una suerte de complejo bastante rústico pero para nosotros hermoso. Allí íba también , como todos los años el nieto de la dueña: Gerardo.
Yo moría de amor por él, la piel bornceada por el sol, reflejos dorados en su cabello , era como se decía en esa época un "churro" bárbaro. El tenía aproximadamente la misma edad que María y yo.
Sospecho que a María también le gustaba ,así que había una competencia tácita que ninguna se animaba a explicitar: ¿quién lograría conquistar a G?
Una tarde mientras jugábamos mancha en la calle, (no había inseguridad ni autos haciendo picadas aún) me llama aparte Paula, la hermana mayor de María.
Me invitó a tener una charla. Al principio no entendí mucho, de qué se trataba aquella extraña interrupción. Después de todo los más importante en el mundo para mi en ese momento era estar con Gerardo jugando y midiendo sus miradas a ver en qué momento el amor asomaría en ellas.
Supongo que Paula percibió claramente mi ansiedad por que sin mucho rodeo fue al grano:
- ¿a vos te gusta Gerardo no?
Yo sorprendida in fraganti me puse bordó. Ella siguió.
- bueno, ya sos una señorita y si querés que él se fije en vos, no tenés que darle bolilla.
Aquella frase estalló en mi cabeza. ¡Qué me estaba pidiendo, eso era imposible y contrario a toda lógica ¡, y , por otro lado: ¿cómo podría yo controlar mi deseo irrefrenable de estar con él?
No recuerdo bien que le dije. Pero ella insistió. Si querés que G guste de vos y no de María haceme caso.
Mientras tanto yo veía cómo Gerardo y María -que lo tenía sólo para ella- corrían sin parar.
-Vos tenés que hacerte desear.
-Qué es eso?
Entonces ella me explicó y lo peor: yo entendí. Mi inocencia llegaba a su fin.
Entonces nadie me lo había dicho antes y Pato venía a “avivarme”, la clave era hacer lo contrario de lo que una quería, o algo así, pero era muy dificil para mi.
-vos te tenés que hacer “la difícil” , ni lo mires. Ya vas a ver. Probá.
Así fue que Paula me dijo- vení vamos, pero vos ni lo mirás, y pasamos delante de ellos sin mirarlos y nos fuimos, efectivamente el desconcierto de ambos: M y G, fue grande, acaso, yo me había enojado?
Y fue así que logré de la manera más impensada que G me mirara de otra manera, algo que yo en ese momento no supe traducir, el deseo de conquista había despertado en él. Pero yo no pude disfrutarlo. Si en eso consistía el ser mujer, había que pensarlo seriamente, valdría la pena?
Tiempo después M , no se si asesorada por su hermana, dejó de darme bolilla, creció 20 cm, se hizo “cheta”* y me expulsó de nuestro territorio familiar construído durante nuestra infancia.
Pero nunca pude volver a aplicar aquella fórmula exitosa. Encontré otras maneras , pero nunca volví a saber nada de Gerardo. ¿Quién le gustaba más finalmente?
*Cheta: una de las tres opciones que había (por esos años) de pertenecer a algún tipo de grupo en la adolescencia. Las otras dos era ser pardo o ser roquero. Cambiaba el look y la música que escuchabas. Pero la verdad ya mucho no me acuerdo. Si alguien quiere aportar especificidad, muchas gracias.

16.5.07

Sujeta


Hace un tiempo que vengo pensando o preguntándome de qué manera me ha marcado la dictadura.
Más allá de los sucesos de público conocimiento , los desaparecidos, la reducción de la industria nacional, la apertura a las importaciones, el comienzo de la destrucción y entrega del país. Mi pregunta va más lo personal, cómo me marcó a mi.
Era algo de lo que no tenía mucha conciencia y aún no tengo del todo claro.
Yo venía notando especialmente en ámbitos artísticos, la facilidad o la aparente facilidad de las generaciones más jóvenes a la hora de exprezarse, plasmar sus obras. Cómo si todo les fluyera mucho más facilmente o no se cuestionaran tanto a la hora de mostrar sus productos.
Tal vez estoy intentando justificar una dificultad personal desde una razón social. Tal vez, estoy cayendo en la idealización de la juventud.
Pero empecé a preguntarme si el hecho de haber pasado buena parte de mi infancia y adolescencia en ese contexto oscurantista, donde hasta la ropa estaba regulada, y todo era muy peligroso no terminó sembrando el miedo dentro mío de manera duradera, larvada, de efecto retardado en el tiempo, de modo que cada vez que deseo expresarme la dificultad es grande, yo diría es casi un pequeño parto.
En vez de canal de parto la criatura debe atravezar mis dudas, mis temores, mis ansiedades, mi autocensura. Pero todo esto de dónde salió?
Yo ví cómo los jóvenes que me precedieron desaparecieron , eran reprimidos, se ocultaban , reunirse era peligroso, la juventud estaba mal vista, ya, sólo por ser joven eras un subversivo en potencia.
Luego vino Malvinas y desde mi pupitre de un colegio retrógrado -sólo de mujeres -le escribía cartitas a los soldados que apenas tenían unos años más que yo y que murieron como perros de un experimento bizarro de un alcohólico al poder...
Es claro no?

Ahora que ya sé que soy "sujeta histórica" , me quedo más tranquila...
Pero la pelea interna sigue .
Mientras tanto, para crear , como dijo una amiga, habrá que hacer fuerza.
Foto: www.flickr.com

14.5.07

Séptimo mes...vacío y crisis


Todo parece indicar que estoy atravezando la crisis del 7mo mes, desde que empecé el blog. No se me ocurre nada interesante para postear, la inspiración no acude a mi ( ni yo a ella, acaso me está llamando y es tal mi sordera?)
He decidido no seguir tapando mi vacío creativo con letras ajenas ni hermosos videos también hechos por otros por lo que, por primera vez -conste en actas- apelaré a uno de esos "memes". No, aunque estoy algo deprimida , no lo estoy tanto como para tomar una mamadera, no es una regresión, bueno la mayoría ya sabe lo es un meme, así que sólo diré que la idea la tuvo el avispo y me parece buena , se trata de rescatar esos post que nadie comentó o, muy pocos, esos del comienzo del blog, a mi me parece un oportunísimo momento para seguir este meme, además de los motivos citados más arriba aún no aprendí a hacer link internos por lo que me abocaré a ello a continuación , en caso de lograrlo podrán Uds. leerlos, aquellos primeros post llenos de ese entusiasmo enamoradizo de los comienzos de las cosas, ese que me ha abandonado...snif!
Bueno, a mi tarea!
Lo he logrado... gracias a Feripula! Espero que les gusten. Besos, cariños y gracias.

1) Iniciación (como su nombre lo indica el primero)

1.5.07

Somos dos


Bailo tango desde hace muchos años, casi 20, como habrán escuchado es una pasión, tiene algo de adictivo, esa magia del contacto de los cuerpos , un diálogo sin palabras pero con mucha verdad.El cuerpo no miente.
Uno se conoce y reconoce en los brazos del otro, y al mismo tiempo lo descubre.
Muchas veces me pregunto cómo nos está afectando el cambio social, el avance de la mujer en un montón de campos. La tan buscada igualdad de derechos.
Los roles tradicionales del hombre y la mujer se han modificado bastante y creo que es bueno en gran medida.
Pero hay veces que me vuelvo machista. Como cuando voy a la milonga. Me encanta que el hombre me lleve, me cuide, me homenajee.

A partir de aquí transcribí fragmentos de un texto de Tiiu Bolzmann (tal vez sea un poco largo , pero vale la pena).
Dejen sus comentarios, me interesan sus opiniones.


El hombre busca una mujer con la cual quiere bailar y la mujer busca un hombre con quien quiere bailar. Se buscan con los ojos y si ambos están de acuerdo, se encuentran en la pista de baile.


Al hombre le atrae la mujer porque nota que como hombre le falta la mujer. Y la mujer se siente atraída por el hombre porque nota que como mujer le falta el hombre. A ambos les falta aquello que el otro tiene, y cada uno puede dar aquello que el otro necesita. Para que una relación de pareja se logre, el hombre tiene que ser hombre, y seguir siéndolo, y la mujer tiene que ser mujer, y seguir siéndolo.
Si el hombre desarrollo el femenino en sí mismo, ya no necesita la mujer, y sí la mujer desarrolla lo masculino en sí misma, ya no necesita al hombre.

Con la decisión de bailar juntos, el hombre asume el rol masculino - la dirección, es hombre y sigue siendo el que dirige. Con la decisión de bailar juntos la mujer asume el rol femenino - la entrega y sigue siendo mujer, sigue entregada.
El abrazo
El hombre y la mujer se encuentran, el hombre extiende su mano, la mujer coloca la suya en la mano de él. El hombre rodea con el otro brazo el cuerpo de la mujer. La mujer apoya relajadamente su brazo sobre el hombro de él o rodea su cuello. A modo de saludo sintonizan sus movimientos, girando con sus cuerpos en un semicírculo o también realizando un balanceo, pasando el peso del cuerpo de una pierna a otra.

El hombre dirige: él da orientación y sostén y provee seguridad, para que ella se sienta protegida. Así pueda desplegarse pueda realizar los firuletes y disfrutar del baile. Él la dirige en movimientos y... la frena. Él prepara sorpresas, para evitar la rutina.

La mujer se deja guiar, solo reacciona frente a sus impulsos y con eso le proporciona la importancia, que le hace falta para poder dirigir. Ella permanece en la entrega, espera en él y le da sentido a su dirección. En algunos momentos ella sostiene la estabilidad, para que él pueda entregarse por instantes e inventar nuevos juegos.

Hacen falta ensayos - no sale enseguida, porque no está claro, cuánto de cada ingrediente hace falta. Entregarse no significa dejarse caer. Y dirigir no significa imponerse a la fuerza.

Juntos crean un baile, un movimiento en el espacio, que es único para cada pareja. Ambos aportan lo suyo y en eso son iguales.

La relación de pareja se fundamenta en la necesidad mutua y en la renuncia al otro sexo. El hombre tiene que renunciar a adquirir lo femenino como algo propio y a tenerlo como si él mismo pudiera hacerse o ser una mujer. La mujer tiene que renunciar a adquirir lo masculino como algo propio y a tenerlo como si ella misma pudiera hacerse o ser un hombre, y todo esto también en el pleno sentido físico.

En el abrazo se da un intercambio entre dar y tomar. Ambos dan y ambos toman. Y tanto el dar como el tomar son hechos activos. Uno toma activamente el impulso y lo convierte en movimiento y a través de ese movimiento se inicia un nuevo impulso, que a su vez provoca otro movimiento. Así se genera el movimiento en el espacio compartido.

Además es propio del orden entre el hombre y la mujer que el hombre quiera a la mujer por mujer, y la mujer quiera al hombre por hombre. Asimismo es importante que entre ellos dos de realice un intercambio en el que ambos den y tomen en la misma medida. Para llegar a un intercambio, ambos tienen que dar lo que tienen y tomar lo que les falta.

La mujer toma algo del hombre que ella no tiene y lo utiliza en su manera. Esto fortalece su feminidad. El hombre toma algo de la mujer, que el no tiene y lo utiliza en su manera y esto fortalece su masculinidad. Ambos sacan provecho a través del otro.

La mujer sigue al hombre en su círculo de energía, en su movimiento y él permite que se despliegue, porque el hombre tiene la misión de mostrar la belleza de la mujer. Cuando lo masculino puede quedarse claramente con el hombre y lo femenino con la mujer, la belleza se puede desplegar.

En el movimiento se ve: él acompaña a ella con su cuerpo, porque ella lo necesita para encontrar su flexibilidad. Ella reacciona ante esta energía masculina, la asimila y da al hombre algo en devolución, que le proporciona fuerza para dirigir. De esta manera ambos se complementan. El hombre le da a la mujer su masculinidad y la mujer le da al hombre su feminidad. En la confluencia de estas dos energías se unen lo MASCULINO y lo FEMENINO. Se genera un movimiento: Vida y ... Tango.

Texto: fragmento de "El tango" de Tiiu Bolzmann